jueves, 11 de marzo de 2010

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Alejandra Crail
El Universal
Publicado el sábado 13 de febrero de 2010
Clínica de periodismo


CRÓNICAS DE UNA PÉRDIDA

Residuos de aguas negras posan sobre la calle Xalpatláhuac en la colonia El Arenal, las paredes son testigos del paso de la inundación; marcas negras resaltan en la pintura de las viviendas y en algunos muebles que las personas aún conservan.
El agua no se llevó solamente los artefactos de la casa, también arrasó con materiales de trabajo de los habitantes.
Samuel Medina, vecino de la colonia, tenía una zapatería de la cual obtenía los ingresos para mantener a su familia, sin embargo, con la inundación los zapatos que tenía para venta se echaron a perder.
Informó que las autoridades no le ayudarán a recuperar su mercancía y sólo recibirá apoyos para reparar sus vivienda. “Se perdió todo mi patrimonio, los zapatos se están secando en la azotea, pero de todos modos, ya no los voy a poder vender”, dijo el afectado.Del otro lado de la calle, jóvenes con chaleco naranja se encargaban de pintar las fachadas de las viviendas dañadas dependiendo del color que se haya electo (piñón, champagne, ostión, amarillo o rojo), y, con rodillos, cubrían las líneas negras que marcaban el nivel que el agua había adquirido durante el percance.

Recuento de pérdidas
Alejandra Pavón, de 50 años, otra de las vecinas de la cuarta sección de El Arenal, comentó que se dedicaba a vender pizarrones fabricados en casa y que, a causa de las aguas negras que inundaron la colonia en días pasados, perdió todo el material y la maquinaria con la que los realizaba.
Mientras tanto, las autoridades capitalinas también le negaron el recuento de los daños justificando, una vez más, que la ayuda se limitaba para elementos domésticos.
Conforme se va avanzando el olor a coladera va aumentando, la gente espera en los zaguanes oxidados de sus casas a que los dependientes se acerquen a responder sus dudas o a revisar su estado de salud.
“Paciencia es lo que sobra, respuestas son lo que faltan”, comentan entre vecinos a la espera de los colaboradores.

Rompe en llanto
Con lágrimas en los ojos, el señor Fausto Pérez, residente del lugar y vendedor de azúcar por mayoreo, contó que las aguas negras le echaron a perder decenas de costales del producto y que todo lo que tenía estaba invertido en eso.
“Ayer ya le estaba diciendo a mi familia que nos vamos a ir a la quiebra”, exteriorizó el microempresario.De los tres pisos que tiene la casa, son cuatro cuartos en la planta baja en los que se encuentran los bultos.
El lugar está hecho un desastre, costal tras costal apilados uno tras otro, escurriendo aguas negras,
pero dulces, al pisarlos. “Mi caso ya está reportado, pero nomás cuenta como estadística de que nos inundamos, no para soluciones”.
La mayoría de las viviendas están vacías, guardan un aroma entre a humedad y heces fecales, y los muebles que se mojaron se tuvieron que tirar para no guardar la pestilencia y provocar más enfermedades.
La multitud está dividida muchos agradecen que el Gobierno del Distrito Federal les ofrezca pinturas y ayudantes para mejorar la presentación exterior de sus hogares, sin embargo, el resto no comprende qué beneficio les puede traer esta acción.
“Ellos (el gobierno) creen cumplir con pintarte la fachada y no es así, que entren a ver todo lo que se perdió, pero nunca entra nadie”, lamentó uno de los afectados.


FOTOS: ALEJANDRA CRAIL

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